martes, 8 de septiembre de 2020

Capitulo 21








Carlos está muy emocionado mirando a su hija, a su mujer diciéndole todas las cosas que siempre quiso escuchar.
--¡¡yo senti cosas esa misma noche pero tú me dijiste...¡¡¡pensé que no habias disfrutado... que te entregaste a mi sólo por obligación y por eso te dejé¡¡
--¿de veras me quieres?¿no estás conmigo sólo por nuestra hija?
--¡¡no, no sabes que tormento fue para mi tenerte tan cerca y con ganas de amarte y tener que recharte pero es que estaba seguro que tú no sentías nada por mi y duele mucho que una mujer se acueste contigo por obligación... sin quererme.
--no sé como pasó... me gustó... ¡¡y me dio un coraje pensar que sólo estabas a mi lado por mi embarazo¡¡
--¡¡es que tú nunca hablaste claro y yo...¡
--es que me daba verguenza... no sabia como decirte que me gustó aquella mi primera vez... bueno... que yo recuerdo... fue tan especial aquella vez, mi única vez... no he dejado de pensar en ese momento, segura que era mi unico momento de felicidad...
--tendremos más... muchos más... --dice él acariciándola.
--¿de veras?
--si, te amo... te amo tanto... --dice él emocionado.
Él iba a besarla pero ella le pone la mano en medio, él la mira desconcertado:
--¿y ahora qué pasa?
--te amo --dice ella.
Carlos la mira con ojos llorosos y se funden en un apasionado beso de amor. Luego él toma a su hija en brazos:
--¿que te parece, Ana Paula? que padres tan tontos tienes... --dice él divertido.
Manuela está feliz viendo a su amado cargar a su hija:
--es un sueño... nunca pensé que volviera a ser feliz.
--ningún sueño, señora --dice él muy enamorado-- estamos casados, tenemos una hija hermosa.
Se vuelven a besar. Manuela no se cansa de mirarlos. Carlos deja a la bebita en la cunita, se sienta sobre la cama de su esposa. Los dos se toman de la mano, se miran muy enamorados, se sonrien. Luego miran a su bebita.
--¿te das cuenta?
--¿de que, mi amor?
--me encanta que me llames mi amor... --dice él.
--y a mi me encanta estar así contigo.
--nuestra hija ha sido una doble bendición... si no te hubieras quedado embarazada nunca habríamos descubierto que nos amamos... habriamos sufrido, habriamos perdido la oportunidad de ser feliz.
Los dos se miran sin poder creer que tanta dicha sea cierta y se besan apasionadamente. Jose entra en ese momento, se emociona al ver a la pareja junta y feliz. Los enamorados no se dan cuenta y Jose se va sin decir nada. Tampoco permite que su padre entre.

En la mañana, el resto de la familia recibe con indiferencia la noticia del nacimiento de Ana Paula. Un pequeño llora.
--¡¡Mariana, atiende a tu hijo¡¡¡Sergio está llorando¡¡ --Leonor.
--ya voy... ya voy.
Leonor y Carmelo están frente a frente y se miran con intensidad. Mariana entra a su cuarto. Abraza a su hijo con mucho cariño:
--aqui estoy Sergito... mi amor.
La joven acaricia y besa a su hijo. Se sobresalta al ver por la ventana a Sergio, el  amigo de Carlos que está escondido en el jardín. Se emociona al verlo pero también la angustia. Como su bebé ya no llora lo deja en la cunita. Para que nadie la vea, sale por la ventana. Sergio está escondido tras unas matas y ella va con él. Sergio la trata de besar. Ella lo rechaza.
--dijimos que no nos volveriamos a ver.
él la tiene muy abrazado:
--eso lo decidiste tú después de hacer el amor conmigo.
--¡¡fue un error¡¡
Ella trata de irse pero él no se lo permite. Ella le suplica.
--por favor, no me pongas las cosas más difíciles. ¡¡Yo estoy casada y eso lo sabías¡¡
--pero tú me amas a mi, por eso tu hijo se llama como yo.
Mariana se pone nerviosa:
--no es verdad... es el nombre de mi abuelo.
Sergio sonrie con dulzura:
--no es verdad, Carlos es mi amigo y me lo dijo. Nadie en tu familia se llama así.
--¡¡bueno, me gustó el nombre¡¡
Sergio sonrie muy coqueto:
--¿porqué no reconoces que te gusto yo? Te siento temblar, sé que me amas como yo a ti.
--¿y mi marido?
--tu boda fue muy rara, yo sé que no lo quieres. Yo estoy dispuesto a cuidar a tu hijo, si quieres ahora mismo lo dejas todo. Vente a mi casa, no te podré dar todos los lujos a los que estás acostumbradas pero será más feliz.
Sergio la mira muy enamorado:
--¿vamos ahora?
--¿¿cómo crees que voy a dejar a mi marido por ti?
--creí que me amabas.
Mariana lo acaricia:
--así es... te amo... te amo mucho... pero el amor no da de comer... Estuve contigo esa vez... esa única maravillosa vez porque te amaba pero ya dije que sería la última... Mi madre no permitería que dejara a mi marido y yo no podría vivir sin el dinero al que estoy acostumbrada.
Sergio la mira decepcionado:
--¿dices que me amas pero te quedas con el dinero?¿¡qué clase de amor es ese?¡
--Me arriesgué por ti, quise ser feliz por una vez... te recordaré siempre pero no me vuelvas a buscar más... lo nuestro no puede ser.
Mariana se va corriendo tragándose sus lágrimas, Sergio la mira muy triste.

Más tarde, Jose sale de la casa para ir al hospital.
--¿hola, me recuerdas?
Jose se ha quedado blanco. Hilda está delante de él, con ganas de venganza.
--¿¿¡qué haces tú aquí?¡
--¿te sorprende que esté viva?
Jose se pone muy nervioso. Agarra a Hilda del brazo y dice:
--¡¡vete de mi casa¡¡
--¡¡no, yo no me voy sin hablar con Carlos¡¡
--¡¡hace mucho que no sé de él¡¡
--¡¡mentiroso, sé que es el marido de tu hermana¡¡¿¿por eso me quisistes matar??
--¡¡yo no sé de qué me hablas¡¡
--¡¡yo sé que fuiste tú el que mandaste a esos hombres para que me violaran y me mataran¡¡
--¡¡eso no es verdad, no te tenian que violar sólo que...¡
Jose se calla, por los nervios se ha delatado. Ella sonrie:
--tienes razón, sólo me desfiguraron la cara pero ya vez la cirugia hace milagros¡
--¡¡sí, fui yo y no me arrepiento, porque tu eres una prostituta e indigna de un hombre como él y ahora Carlos es feliz y tiene una hija de mi hermana¡¡
Hilda se muere de los celos.
--¿¿tienen un hijo?
--¡¡una niña así que nada de lo que puedas decir puede hacer que se estropee su dicha.¡¡están unidos por un lazo que no se puede romper¡¡
--¡¡pero te puedo mandar a la cárcel por lo que me hiciste¡¡
--¡¡no tienes pruebas¡
Hilda llevaba una grabadora:
--¡¡si la tengo¡¡¡así que sino me ayudas yo le diré a Carlos que tú eres cachonda enamorada, que tú me pagaste para hacerle el amor porque seguro que no lo sabe y además seguro que se casó con tu hermana por una trampa tuya.
Jose traga saliva.
--veo que no me he equivocado.
--¿¿que quieres, dinero? ¡¡te daré mucho¡¡
--¡¡no, quiero el apellido de Carlos para mi hijo¡¡
--¿¿qué?
--así es... tengo un hijo de Carlos.
--¡¡tú eres una ramera¿¿porque alguien va a creer que tu hijo es de Carlos?
--Yo sé que Carlos me ama a mi y voy a destruir su matrimonio.
--¡¡él ya no te quiere, él ya te olvidó¡
A Hilda eso le duele mucho, su plan es estar cerca de Carlos para enamorarlo.
--tienes razon... quiero dinero.
Jose se queda más tranquilo:
--¿cuanto quieres?
--la mitad de todo, quiero que te cases conmigo.
--¡¡estás loca¡¡
--quiero que mi hijo tenga el apellido de un padre y si Carlos no me quiere... pero tampoco quiere que pierda a su hijo. Así mi hijo estará con su padre, auqnue sea su tio legalmente y tú tendrás la garantia de haberme separado de Carlos¡¡
--de acuerdo, nos casamos pero te vas lejos con tu hijo.
--nos casamos y vivo en tu casa. Con Carlos y tu hermana.
--eso es una locura ¿que garantias tengo yo que no vayas a querer algo con él?
--si tú no me das el divorcio nunca podría estar con él. Sino voy a luchar por Carlos y él tendrá que elegir entre su hija o mi hijo pero si tú te casas conmigo y le das un apellido a mi hijo me olvido de conquistar a Carlos.
--¿de veras tu hijo es de Carlos?
--si, yo sé que tú amas a Carlos, que todo lo que has hecho es por amor a él, por eso si mi hijo no puede tener el apellido de Carlos qiiero que lleve el tuyo porque tú si vas a querer a mi hijo, porque es el hijo del hombre que tu amas.
--está bien, me casaré contigo.
Hilda sonrie vengantivamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario